«Yo creo que son signos muy muy grandes de que Dios muy muy está enojado con nuestra comunidad», evaluó. «Está muy enojado con nuestra indiferencia y nos está advirtiendo de que cambiemos de corazón porque tal vez no merezcamos tener un templo que está abandonado«, sostuvo.
La parroquia San Antonio de Padua estaba en una etapa de refacción y por ese motivo hacía bastante tiempo que no albergaba gente ni se daban misas en su espacio.
Como consecuencia del aislamiento social, preventivo y obligatorio establecido por Nación, la obras de remodelación no se pudieron ejecutar.
El sacerdote también se mostró enojado con la gente que no va a misa. «No vienen a la misa de los días de semana, que a la misa del domingo vienen cuando se acuerdan los que vienen, los pocos», dijo. «Todos estos son signos para que nos pongamos los que están adentro…, que nos pongamos a pensar seriamente donde está nuestro comportamiento, donde está nuestro testimonio, qué vamos a hacer y qué tenemos que cambiar para dar una imagen mas fuerte del bautismo que hemos recibido».
