El aumento de las jubilaciones, pensiones y demás prestaciones sociales, que debe aplicarse para los meses de junio, julio y agosto sería del 6% para todos los rangos de haberes. Y habría un bono adicional para las jubilaciones más bajas.
Con este esquema, se modificaría parcialmente el achatamiento que se produjo con el aumento de marzo de un porcentual ( 2,3%) más una suma fija ( $ 1.500) por cuanto el aumento del 6% sería parejo para todos los rangos de haberes y el bono para las jubilaciones más bajas sería por “única vez”, sin incorporarse en los haberes.
Con este aumento las jubilaciones más bajas acumularán en el semestre un incremento del 20% porque en marzo el aumento fue del 12,96%. En cambio las jubilaciones más altas acumularán una suba del 10% ya que en marzo el haber más alto tuvo un incremento del 3,75%.
De confirmase esos porcentajes, los haberes más bajos le ganarían a la inflación del semestre –que en el Gobierno calculan que rondaría entre el 14 y 15%– y los haberes más altos perderían frente a la suba de precios, luego de haber perdido un 20% durante la gestión de Mauricio Macri.
En cambio, si se hubiera mantenido la fórmula de movilidad, a partir de junio, los jubilados, pensionados y demás beneficiarios de la Seguridad Social deberían cobrar sus haberes con un aumento del 10,9%. Ese porcentaje surge en un 30% de la evolución de los salarios formales según el índice Remuneración Imponible Promedio de los Trabajadores Estables (RIPTE) y del 70% de la inflación entre octubre y diciembre de 2019, ya que el índice de movilidad, suspendido desde comienzos de 2020, se actualizaba con seis meses de atraso.
La movilidad abarca a 18 millones de jubilados, pensionados, beneficiarios de Asignaciones Familiares, AUH, PUAM (Prestación Universal Adulto Mayor) y pensiones no contributivas.
