La clave es buscar negocios que no necesiten mucha inversión, que ofrezcan productos necesarios y si no son de primera necesidad, que se relacionen con el entretenimiento. Los precios accesibles son la clave de todo. Todos los entrevistados coinciden en que la gente cuida más que nunca en qué va a invertir su dinero y señalan que el conurbano bonaerense ofrece un terreno más fértil que la Ciudad de Buenos Aires para ofrecer servicios a domicilio.
Daniel Argüelles vendía máquinas para golf desde hace 31 años. Con las canchas de golf cerradas contó a BAE Negocios como se las arregló: “El mismo 20 de marzo di un volantazo, porque sino no tenía para comer. Busqué algo para vender de consumo rápido, la gente no tiene plata. Lo único que consume es papel higiénico, lavandina, alcohol y barbijos. Pinté mi camioneta, le puse una cruz roja y comencé a vender a domicilio barbijos, alcohol en gel, alcohol étilico, alfombras sanitizantes y máscaras. Ya tengo 40 clientes fijos, me va muy bien y hasta dejo mercadería en ferreterías. Al conseguir más clientes, los precios bajan”.
Ofrece a $129 el litro de alcohol etílico al 96% de la empresa Porta, los barbijos van desde los $15 a los $79 de triple capa quirúrgico. Uno de sus clientes es una lencería que pasó de vender ropa interior a ofrecer alcohol y ahora se especializa en hacer ropa especial para personal de salud, desde cubre botas hasta ambos.
Con la llegada del frío, Argüelles se entusiasmó y tiene listo su segundo emprendimiento. “La cuarentena nos iluminó, estamos terminando de obtener los permisos para lanzar Don Guiso, en un container adaptado en Sarmiento y Santa Rosa en Castelar. Vamos a empezar ofrecer take away de siete variedades de guisos. Queremos que se convierta en una franquicia. Hay que reinventarse, aquí el único que tiene el éxito asegurado es el coronavirus”.
Héctor Ramón Martínez se define como de la vieja camada de los “buscas”. Vendía pochocolo y garrapiñada en un puesto cerca de Avellaneda y Nazca y lo tuvo que cerrar. Tenía otro dentro de un Carrefour en Ituzaingó y tampoco pudo abrir su puesto. Los fines de semana tenía la concesión de los puestos de comida de las canchas de All Boys, Ferro y Atlanta y sin fútbol, no pudo hacer más nada.
