Historia de Winifreda: el pago de la chata rusa

Recorriendo la línea férrea que llega hasta Winifreda, se podía observar cómo era "El pago de la Chata Rusa".

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La primera impresión inconfundible al llegar a la tierra que albergó a los iniciadores de lo que más tarde se llamó Winifreda, a los rusos alemanes que pusieron en la región todo su espíritu de lucha, es de alegría, verdor y luz en las praderas, una zona con signo de prosperidad colonial.

“El pago de la Chata Rusa”, denominado así por el hormigueo de chatas que se producía en la zona a la llegada del tren, también por ser el único medio de transporte y de carga que tenían los primeros inmigrantes que poblaron la zona; una campiña prodigiosa en la producción de granos, ofreciendo el caldén con su leño tibio y más allá el guanaco y los bañados con su colorido de flamencos y garzas.

Tierra de ensoñación que se pobló de vocablos itálicos, hispánicos y sobre todo “rusos”, con euforia de progreso tal vez sin elementos, dispuestos a sembrar y cosechar con las propias manos.

Aquí en este pago se enorgullecieron los primeros inmigrantes, colonos de empuje que buscaron y lograron el progreso; hombres tenaces, rudos, laboriosos que dejaron el sudor de su frente en esta región para convertirla más tarde en una zona rica, cultivable, comercial y de real importancia dentro del ámbito provincial en lo agrícola-ganadero.

Son varios los rusos-alemanes que hoy nos cuentan su historia; tal vez con angustia por lo vivido en aquellos primeros años, tal vez con orgullo porque más tarde llegaron a ser importantes o tal vez como si fueran oriundos de esta tierra por ser los primeros en conocerla, cultivarla, habitarla, darle vida y poner todas sus esperanzas en ella.

Daniel Pellegrino – Escritor winifredense

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