Hoy es un pueblo deshabitado que se resiste al olvido, porque vive en la memoria de sus antiguos habitantes y en la de sus vecinos. Por eso, para que siga latente su historia, queremos compartir algunas anécdotas.
Cuentan los descendientes de antiguos pobladores de Naicó, que cuando venía el tren de Buenos Aires y traía a los invitados de Pedro Luro -gente de la nobleza europea que venía a cazar- los esperaban los carruajes que ahora están en exhibición en Parque Luro.
Cuando se iban en caravana, el pueblo salía a verlos. Igualmente, cuando regresaban a tomar el tren, luego de 15 días o un mes en la residencia de Luro, los habitantes de Naicó se paraban a los costados de caminos y calles para ver pasar esos lujosos carruajes.
Otra anécdota cuenta que cerca de Naicó, sobre la ruta nueva, donde estaba el salitral, hay un campo que en esa época se llamaba “Las ánimas”.
En esos años, de Toay a Naicó, no pasaba nadie, solamente los hombres muy corajudos, porque se escuchaban lamentos y ruidos de cadenas.
Como estaba el cementerio cerca, y además se decía que había un cementerio indio -que nunca se pudo encontrar- la gente tenía miedo.
Desde el área de Cultura proponen contar historias sobre esta localidad.
