Los años hacen más grandes a las personas. A veces las enaltecen y las ponen en relieve. Sobre todo cuando se mira el calendario hacia atrás. Es como retroceder una cinta de 8mm y posarse en lugares significativos.
El 5 de mayo de 2000, cuando empezaba a hablarse más en serio de internet pero por cable y no por modem, cuando el nuevo milenio comenzaba a ovillarse, Santa Rosa recibía a uno de los prospectos más importantes del boxeo doméstico. Por su historia, de idas y vueltas, de chico guapo y culto que rompía los tradicionales moldes del boxeo, Sergio Gabriel Martínez era Maravilla. Su rival, el inoxidable y valiente Javier Alejandro Blanco, que era el Indio.
Notas en canales de deportes, páginas enteras en los diarios y minutos en radios, habían depositado a Martínez como la gran esperanza del boxeo nacional. Así, en febrero de 2000, llegó la posibilidad de pelear en el Mandalay Bay de Las Vegas ante el mexicano Antonio Margarito. Para muchos fue una decisión apresurada, ya que Margarito rompió la condición de imbatido (16-0-1) del argentino.
De regreso en el país, Martínez necesitó encausar su carrera para tener nuevas chances en ese interrumpido camino a las grandes ligas. Venció a Raúl Bejarano por decisión en Quilmes en el mes de abril y, un mes después, surgió la posibilidad de venir a La Pampa.
La historia del combate
Aquí Chito Teves cuidaba los intereses de Javier Blanco. Pedehontaá le propuso enfrentar a Martínez, le dijo que no era fácil pero que podía representar una gran oportunidad si su chico daba el batacazo. En ese momento Beto Pedehontaá tenía una gran llegada a los medios de nivel nacional. Siempre se manejó en esas esferas con mucha habilidad y Osvaldo Bisbal, presidente de la Federación Argentina, garantizaba TV para su boxeador estrella Wilfredo Vilches.
La pela despertó un gran interés. América Sports tuvo intenciones de comprar los derechos y hasta último momento no se decidió. Pedehontaá, matchmaker, tenía todo listo: el club, los tickets anticipados vendidos, la promoción… Pero la tele no vino nunca y hubo que renegociar.
“Martínez era un boxeador caro. Como todos saben siempre he perdido muchas veces mucho dinero organizando festivales. Me ha ido más mal que bien” llegó a confesar en la intimidad Beto. “Una vez que supe que no iba a venir la tele, a Maravilla le ofrecí 500 pesos. No tenía más. Pero él aceptó, como caballero, porque quería comenzar a reencausar su carrera” aportó.
El joven Maravilla llegó unas horas antes de la pelea en auto. Fue a moverse al gimnasio Osvaldo Quito Bustos donde Pedehontaá tenía su nido de entrenamiento. Llegó a media tarde, saludó a todos y se movió para estirarse y esperar la pelea. Habló del respeto hacia Javier y, sobre todo, de este nuevo camino para volver a ser el que todos imaginaron.
“Nunca un no”
Javier Blanco había recibido la noticia de la pelea poco menos de un mes atrás, a mediados de abril de ese año. Pedehontaá habló con Ademar Teves y el propio Chito le comunicó al Indio que el 5 de mayo tenía que enfrentar al quilmeño. De ahí en más, fue esperar el match en el club Estudiantes.
“Siempre supe que en mi carrera tenía que ir cortando caminos, siempre mandaba Chito en todo. Cuando le propusieron la pelea con Sergio no dudó. Y yo trabajé para eso, para llegar súper entrenado. Después uno comprende como es el boxeo…”, dice Javier en su charla con El Araucanito.
Blanco comprende el mundo del boxeo y en cierta manera siente que fue demasiado honesto en su momento. “Sabía que a Sergio lo traían para ganar la pelea. Y yo, para hacerlo, tenía que ganar por Ko. Era muy difícil. Sergio venía de pelar con Raúl Bejarano y tenía que levantase de alguna manera después de haber perdido en Las Vegas. Traté de hacer lo mejor posible y dar lo mejor de mí, pero las cartas estaban jugadas”.
El santarroseño recuerda que llegó a conectar a Martínez quien llegó a trastabillar. “Cuando uno conecta un golpe, en el boxeo, sabe y se da cuenta de cómo llega. Y yo recuerdo que lo conecté muy bien, pero en esos casos hay que liquidar al rival. A mí me mandaron a distintas esquinas para que él se recuperara. Después, él manejó bien las piernas. Como la pelea fue en welter, una categoría en la que Sergio no pegaba tanto”.
El mandato de Chito
En la decisión unánime, tras ocho capítulos, Martínez fue amplio dominador, casi de principio a fin. Bertone dio ganador al quilmeño insólitamente 79-78; Guerrero 80-75 (la mejor tarjeta), y Bustos 79-77. El árbitro fue Héctor Ángel Heredia. En el semifondo, también a ocho, Gustavo Daniel Campanino derrotó al bonaerense Adolfo Dionisio Ríos.
Dice el Indio que siempre estuvo dispuesto para pelear. Con el que fuera. Porque ese era el mandato de Chito. “Me decían de ir a pelear y yo iba. Gracias a Dios y la Virgen, cada vez que salía una pelea, yo estaba bien entrenado. Hoy no sé si hubiese aceptado algunas condiciones, porque ganaba muy poco dinero. Chito tal vez fue un grandísimo entrenador pero no era buen negociador porque he enfrentado a grandísimos boxeadores. Una vez en Cutral Co, con Paulo Sánchez, por el Sudamericano, quedó gente afuera y le dieron 500 pesos más porque le dijeron que habíamos pedido poco dinero en una pelea por título. Ya está, no guardo ningún rencor”.
En este camino de la vida como profesional que hipotecó su vida cada vez que pisó un ring, Javier recolecta flores en cualquier lugar al que vaya. “La gente supo que, más allá de haber perdido con Sergio, di todo. Tuve la suerte de haberlo enfrentado dos veces. Hasta me han llamado de distintas partes del mundo para recordar lo que era”.
En retrospectiva
Hoy, en el gimnasio Héctor Paladino de la Municipalidad, Blanco respeta los valores que le inculcó Teves, el del respeto por el otro y la honestidad. El saludo, el buenos días, son valores innegociables. Aunque cueste. “A todos les digo las cosas en la cara y cómo son. Ya estoy grande, trabajo en el deporte ciento por ciento y un pupilo es un hijo para mí”.
Blanco y Martínez volvieron a enfrentarse por el título nacional welter vacante en la Federación Argentina de Box un año después con el mismo resultado final. Los dos se abrazaron y se repartieron elogios y respetos, como la primera vez. Sin odios y con buenos augurios para sus carreras. Pero por sobre todas las cosas, se profesaron respeto.
Hoy, a veinte años de la primera versión, Maravilla hace stand ups virtuales desde su confinamiento madrileño y juega con su eventual regreso al ring y una posibilidad de medirse con el Chino Maidana. Mientras acá, más cerca, el Indio se para y vuelve a mirar en retrospectiva hacia esa noche. “Enfrenté a grandísimos boxeadores y Sergio fue uno de ellos. ¿Con qué me quedo? Con eso, con haberlos enfrentado y haber dado siempre todo lo mejor que tenía. Tuve una carrera linda y soy recordado más afuera que en mi provincia. Pero no me quejo, la gente me reconoce gracias al boxeo. Vuelvo a decir que siempre di todo y fui leal en este deporte. Me quedo con eso. Y no me arrepiento de nada”.
Nota: El Diario.
