Frida Kahlo, artista del deseo perdido | Lic. Natalia Zapatela

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La semana pasada, en esta rápida biografía nos detuvimos alrededor de 1927. Es en ese año en que se nota una complejización en los cuadros de Frida, en los que nunca dejamos de ver el hilo conductor deseo-dolor, pero que recibe una gran inspiración de los ambientes artísticos, intelectuales y sobretodo políticos en los que se empezó  mover la artista.

Tina Modotti, fotógrafa italiana y amiga de Frida, es quien la lleva por primera vez a una reunión del Partido Comunista Mexicano, lugar en donde conoce a Diego Rivera, su futuro marido.

Luego de ese primer encuentro, Frida visitó a Diego mientras él trabajaba en una serie de murales para el edificio de la Secretaria de Educación Pública. El motivo de la visita fue mostrarle varias de sus obras. Diego quedó fascinado y la ánimo a continuar pintando. Esa fue la puerta de entrada de Diego a la casa de Coyoacán y a la familia Kahlo.

Frida y Diego se casaron el 21 de agosto de 1929. Su matrimonio fue tan tormentoso como inspirador para ella. Su matrimonio, tal como ella lo describe, era todo amor, odio, infidelidades, el vínculo creativo fuertísimo forjado en su cotidianeidad. En 1930, Frida queda embarazada por primera vez, pero debido a las complicaciones producto del accidente, perdería el bebé antes de los 3 meses. Sería el primero de muchos abortos que sufriría en su deseo.

Entre 1931 y 1934, vivieron en Estados Unidos, en donde Diego tenía varios encargos de murales. En 1932, estaban viviendo en Detroit, lugar en el que Frida sufre su segundo aborto natural. Los 13 días que pasó internada en el hospital, los reflejó en el cuadro Henry Ford Hospital. En él, vemos el pequeño cuerpo de Frida en una cama demasiado grande. Con la mano izquierda, apenas roza el vientre todavía hinchado, mientras sostiene 6 cuerdas-venas a las que ata objetos que simbolizan la sexualidad, la desazón, el embarazo perdido. La orquídea violeta, representa a Diego. La cadera, a su cuerpo roto. El caracol, a la lentitud de la gestación. El fondo, una fábrica, nada más desolador y apersonal a la situación que estaba atravesando. Al sacar de un entorno natural a estos objetos y resignificarlos, Frida convierte esta obra en un exvoto, en donde no representa su realidad, sino su sentir. Como siempre, nos encontramos ante la más cruda realidad, la de la depresión que la afecto casi toda su vida.

La vuelta a México, no trajo paz para la artista. Su éxito iba en aumento, su vida en detrimento, su matrimonio siempre complejo. En 1938 vuelve a Nueva York para su primer exposición individual en la Julien Levy Gallery, del otro lado, se enfrentaba a una nueva infidelidad de Diego, esta vez con su hermana menor. Además, serían acusados por el asesinato de León Trosky y su esposa, quienes vivieran en la casa de Coyoacán entre 1937 y 1939. Finalmente serían liberados.

Quizás ese acontecimiento, más que cualquier otro, sería la gota que rebasara a Frida. 1939 se divorcia de Diego, se sume en el alcoholismo más feroz y viaja a París para exponer en la Galería Renón et Collea, gracias a las gestiones realizadas por André Bretón.

En 1940, viaja a San Francisco junto a Diego. Se reconciliarían y volverían a casar poco después. Las condiciones de esa nueva unión, la creciente fama, exposiciones individuales, ser invitada como catedrática en la prestigiosa Escuela Esmeralda hacen de esa década la más prolífica y conocida de la pintora. Su forma de vestir tan profundamente mexica, sus escritos, los colores fuertes de los cuadros. Frida iba convirtiéndose en icono.

En 1953, finalmente, expondría de forma individual en la Galería de Arte Contemporáneo de México. Para esa época estaba atravesando un cuadro tan delicado de salud, que los médicos le habían prohibido asistir a la inauguración de la muestra. Y aquí sucede un hecho que marca la personalidad de Frida, como dije en varias oportunidades, feroz e indomable: llegó en ambulancia y recostada en la camilla, justo en el centro de la galería, estuvo presente, tanto, que sin ella nada hubiera sido tan histórico, ni tan fundamental como para contarlo 68 años después.

Después de ese hito, debería amputarle una pierna, lo que la sumiría en una nueva depresión de la que ya no saldría. Varios intentos de suicidio después, el 13 de julio de 1954, Frida moriría en México. Tal como deseaba, su cuerpo fue cremado y sus cenizas descansan en la Casa Azul que la vio nacer y crecer, vivir y padecer.

En su último cuadro, lleno de colores, vibrante, observamos muestras de sandias enteras y trozos de ellas, en un costado, su leitmotiv y despedida: “Viva la vida. Coyoacán. 1954, México”

 

Natalia Zapatela

Lic. Gestión e Historia del Arte

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